Roberto y María Cristina se conocieron un día de manera fortuita mientras cada uno buscaba una obra en una reconocida librería de Bogotá llamada «Allan Poe». Él buscaba un libro de aventura y ella, uno de poesía.

La casualidad o tal vez la causalidad los cruzó en la caja registradora cuando pagaban sus respectivos libros.

Más tarde, ese mismo día, de nuevo el destino los cruzó en «Florencia» un tranquilo y acogedor café muy cerca de la librería donde horas antes habían coincidido. Esta vez fue inevitable no darse cuenta de que las miradas se cruzaban entre ellos, de que se buscaban entre las personas que hablaban y compartían un café. El ruido de las conversaciones que se mezclaba con las miradas fugaces no era problema para la observación incisiva de Roberto, ni para la respuesta tímida pero contundente de María Cristina.

Así empezó una historia llena de salidas, almuerzos, cines, viajes y en general, llena de diferentes momentos que vivieron alrededor de un destino trazado por la vida; el de compartir muchos años y crecer como pareja.

A medida de que el amor crecía y se consolidaba en los corazones de esta feliz pareja, también crecía la necesidad de construir unas bases sólidas donde este amor tuviera un porvenir próspero y duradero.

Así fue como un día, sentados en el café que los unió algunos años atrás, él con el mismo Latte y ella con el mismo Frappé que tenían aquella tarde de miradas cruzadas, decidieron postularse para recibir el subsidio de vivienda que les ofrecía su caja de compensación familiar.

No podían esperar,  la ansiedad los consumía. El simple y maravilloso hecho de que pudieran tener un lugar propio donde ver crecer a sus futuros hijos, un lugar para compartir las mañanas frías acogedoras de la ciudad, las tardes soleadas y las noches románticas los motivaba aún más a reunir los documentos para postularse a uno de los subsidios.

Hacerlo fue muy fácil y la respuesta no pudo ser más satisfactoria. Cuando recibieron la noticia de que eran beneficiarios del subsidio de vivienda, sus corazones se llenaron de alegría y sus vidas tuvieron un nuevo horizonte a donde apuntar, y a donde mirar para construir el futuro que siempre habían querido.

Hoy Roberto y María Cristina conforman un feliz matrimonio que agradece a la vida y a su caja de compensación por la gran oportunidad de darles el pilar fundamental para fabricar un mañana pintado de colores, alegría y mucho amor.

Alunas personas creen que la felicidad consiste en el lujo y las cosas costosas sin saber que la verdadera felicidad está a la vuelta de la esquina, y a la vuelta de la esquina también se puede encontrar una central de servicios de Cafam para preguntar cómo postularse al subsidio de vivienda. Hacerlo es realmente fácil, basta con seguir unos sencillos pasos.

Como sabemos que uno de tus mayores sueños es tener una vivienda propia, en Cafam te lo hacemos fácil. Ingresa aquí y conoce cómo postularte a uno de nuestros subsidios y tú también sé parte de las cientos de personas que año a año reciben la maravillosa noticia de ser beneficiario de un subsidio para comprar tu vivienda propia.

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